Bodegas Navarro, S.A.
Elaboración y Crianza
Los dos sistemas de crianza
o envejecimiento más utilizados son:
Crianza biológica
o bajo velo de flor para vinos finos y amontillados.
Crianza oxidativa
para vinos amontillados, olorosos, rayas, Pedro Ximénez,
etc.
El vino destinado a la
crianza biológica ha de reunir las mayores virtudes de calidad y franqueza y
debe permanecer, al menos, un año en depósito antes de pasar a la madera, a la
última criadera, por cuyas botas comenzará su andadura en las catedralicias
bodegas.
LA CRIANZA BIOLÓGICA O BAJO VELO DE FLOR
Las botas tienen mayor
capacidad y grosor de duelas mientras más cerca están del suelo para así poder
soportar la carga, cada vez más elevada, que tienen encima. Se llenan hasta las
4/5 partes, aproximadamente, de su aforo y, a los pocos días, en las destinadas
a crianza biológica comienza a aparecer sobre la superficie del líquido pequeñas
agrupaciones de color blanquecino y escaso espesor que, por su geometría,
recuerdan la forma de una flor. Lentamente, estas flores irán aumentando de
tamaño hasta formar un velo continuo que cubrirá toda la capa líquida en
contacto con el aire. Nada tiene que ver esta nata con otras, de parecida
contextura, que para desgracia del vino y de su propietario pueden aparecer en
la superficie causando acetificaciones, pérdidas de alcohol y otros males.
La mayoría de las levaduras
de flor cordobesas, espontáneas en cada pago, son del género Sacharomyces. Se
conocen más de doscientas especies cuyas nominaciones y condiciones para formar
velo son tan diversas que parece preferible hablar simplemente de levaduras de
flor para no equivocarnos.
La transformación que
ejercen sobre el vino base es notable, habiéndose encontrado en finos varias
decenas de nuevos productos que no se hallaban en el vino originario. Al mismo
tiempo, desaparecen o disminuyen considerablemente otros componentes como la
glicerina, el ácido málico y la acidez volátil.
LA CRIANZA OXIDATIVA
La crianza se denomina oxidativa cuando la flor desaparece lentamente o nunca
llega a formarse por efectuarse un aumento artificial del grado alcohólico. En
el caso, respectivamente, de los amontillados y de los olorosos, rayas, pedro
ximénez, etc. En estas circunstancias, el vino va transformándose por fenómenos
exclusivamente fisicoquímicos. Se relacionan, a continuación, los de cada tipo:
Fenómenos de tipo físico:
se producen insolubilizaciones, pequeños desprendimientos gaseosos,
evaporaciones de volátiles y disoluciones de compuestos de la madera.
De tipo químico:
oxidaciones, aldehidificaciones, esterificaciones e hidrólisis de polisacáridos.
Procesos fisicoquímicos:
oxido-reducciones, polimerizaciones, formación y floculación de coloides.
Procesos bioquímicos:
autolisis celulares en aquellos vinos que han tenido con anterioridad crianza
biológica, caso de los amontillados.
A ojos vistas, la materia colorante del vino va oxidándose lentamente y virando
hacia tonos amarillos dorados, caoba y topacio. En la nariz se aprecia su
vinosidad: adquieren ligeros tonos de madera de roble y claros matices
especiados que recuerdan el clavo, la canela y la vainilla.
Los amontillados se hacen
aún más punzantes. Los vinos dulces se oscurecen, casi hasta llegar a tonos
azabache y, en cata olfativa, comparándolos con los vinos no sometidos a
envejecimiento, se percibe un amplísimo abanico de aromas derivados, en buena
parte, de la evolución de los olores varietales que hacen pensar en dátiles,
chocolate, café, cacao...
Ningún otro proceso de envejecimiento en el mundo se le parece: su creación y
utilización son patrimonio exclusivo de Andalucía y forman parte de su cultura,
que el vino ha sido siempre en esta tierra motor secreto de la inspiración, imán
de nuestros visitantes y esencia generosa de la tierra.
EL SISTEMA DE CRIADERAS Y SOLERAS
El Artículo 32.2 del
vigente Reglamento de la Denominación de Origen Montilla-Moriles determina que
el 40% es el volumen máximo que puede extraerse anualmente de cada uno de los
envases en crianza de vinos generosos. Para una bota que contenga treinta
arrobas supone poder vender doce en cada campaña. Traducido al sistema métrico
decimal, 192 litros.
Los litros sacados de la
solera se reponen con un conjunto de vinos extraídos de la primera criadera; el
vacío que se origina en ésta se rellenará con caldos de la segunda; y así
consecutivamente hasta llegar a la última, que puede ser la sexta o séptima y
que, lógicamente, es la que contiene la mayor proporción de vino más joven. Las
doce arrobas antes citadas no se extraen de una sola vez, sino que se fragmentan
en dos, tres e incluso cuatro sacas al año. La operación de relleno se denomina
rocío y las de sacar y rociar, correr la escala. La finalidad es conseguir vinos
homogéneos, poder mantener en el mercado una marca con calidad constante, sin
altibajos y, por supuesto, sin depender de las cualidades o defectos de una
cosecha determinada.
El procedimiento
tradicional de correr la escala tiene un alto coste laboral. Por ello, se ha
mecanizado parcialmente, lo que no influye en los resultados cualitativos
finales.
En resumen, el sistema descrito además de mantener la calidad, posibilita, en el
caso de los finos, la crianza biológica al aportar a las levaduras nuevos
micro nutrientes procedentes de los vinos más jóvenes y, con la aireación que se
provoca en los rocíos, un aporte de oxígeno pequeño pero beneficioso para el
velo. En los amontillados y olorosos la aireación acelera el envejecimiento.
Se preguntará el lector qué
edad media tiene el fino o el amontillado que está bebiendo. Por poner un
ejemplo, el vino procedente de un sistema con cuatro escalas, montado hace
veinte años, del que se extraen el 25% en cuatro sacas anuales, tendrá una edad
media de cuatro años.
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